Mes: octubre 2008

El antropólogo

Rafael Strauss K., Miguel Acosta Sainges. Biblioteca Biográfica Venezolana, El Nacional-Fundación Banco del Caribe, vol. 90, 2008. 129 páginas.

Del mismo modo como resulta para los artistas, la biografía de los pensadores e intelectuales es su obra. La importancia que pueda tener eso que suele llamarse “la vida íntima”, en relación con ellos, termina por ocupar un sitio menor, y en algunos casos hasta de poco interés. El biógrafo que reconstruye el camino vital de alguna personalidad de monto significativo para un país, sabe que su trabajo se sostiene mayormente en la finura, en el tino con los que mira previamente y no en la inclusión sin orden ni concierto de todo aquello que puede decirse de alguien. Quizá, por eso, el trabajo de dificultad para el historiador sea el de escoger aquello que debe quedar fuera de lo contado; establecer cuál es el “trazo” más fiel del perfil que busca, hasta dónde llega el lápiz de su dibujo. Es lo que nos ofrece el historiador y profesor Rafael Strauss en esta obra acerca de una de las vidas fundamentales en la cultura de nuestro país: la de Miguel Acosta Saignes.

Miguel Acosta Saignes (1908-1989) fue un creador, un formador de cultura en el amplio sentido del término. Aunque su disciplina de trabajo fue la antropología, en su vertiente etnológica, su labor en la construcción educativa e institucional de los primeros años del siglo XX puede calificarse hoy de invalorable. Perteneció a la conocida Generación del 28, que como el lector recuerda, fue aquella camada de muchachos estudiantes que se opusieron con fervor al estado de cosas durante la dictadura gomecista y de la cual emergió un grupo más decantado de hombres y mujeres que asumieron, tiempo después, las líneas de desarrollo que llevaron a nuestro país hacia la modernidad. Acosta Saignes viene de esa generación y la marca de su itinerario intelectual no hizo sino acrecentar ese compromiso inicial con su tierra y su pueblo.

Según nos cuenta el profesor Strauss, Acosta Saignes dejó fundamentales logros en varios aspectos de la vida intelectual nuestra: en el campo antropológico sentó las bases de los estudios de etnohistoria con la publicación del titulo Estudios de etnología antigua de Venezuela, publicado en la década de los 50, y al que se le adjudica la aparición de conceptos clave en la comprensión de nuestro pasado originario. El libro establece por vez primera una perspectiva que considera a las culturas existentes previas a la llegada de los europeos a nuestro continente, como culturas completas, formadas, con historia, estructura social, organización comercial y política. Con esto, y seguramente a partir de aquí, propone el uso del calificativo “prehispánico” y no el de “precolombino” para referirse a las culturas originarias, calificativo que significó un paso necesario en la comprensión de nuestro pasado más remoto. Otras obras fueron engrosando su labor investigativa, como la que agrupa el estudio sobre el latifundio en Venezuela, pero esta despunta entre las demás por su calidad y alcance.

Pero aparte de esta actividad, Acosta Saignes fundó la Escuela de Periodismo de la Universidad Central de Venezuela, por el año de 1947. Fue hombre de diatriba pública: creó, junto con entrañables amigos, revistas y publicaciones como la Gaceta de América, que en los años treinta aportó líneas de pensamiento y discusión de inéditos alcances para entonces. Fue profesor, poeta y, tal vez de entre las actividades que aún pueda recordar el lector, estuvo la de estudioso de nuestro folklore, que al decir del biógrafo, Rafael Strauss, para Acosta “la idea del estudio del folklore pasa por la comprensión de la historia de los oprimidos y desposeídos. Siendo el folklore tradición y esta, historia, su conocimiento debería abortar lo que Acosta llama ‘individuos amnésicos’,porque ‘quien todo lo ha olvidado y nada puede recordar, nace, como si dijéramos, cada minuto’”.

No dejemos, entonces, y siguiendo aquella idea, que se pierda la memoria de lo que somos, y aprovechemos la iniciación en el conocimiento de nosotros como pueblo, al recuperar, con esta biografía, la vida y el trayecto de este venezolano esencial.

La novela de Boris

Boris Izaguirre. Villa Diamante, editorial Planeta, 2007. Novela finalista del Premio Planeta del año 2007. 490 páginas.

PARA BORIS IZAGUIRRE, en la vida común de los mortales pasa de todo. O mejor sería decir, pasa lo mismo siempre, pero de maneras tan impensadas y tan inverosímiles que, al apreciarla, cuesta creer. Desde su mirada de narrador, lo que puede someter la historia de una persona, una familia, o una ciudad al escándalo, a lo ridículo y hasta lo cursi, para él resulta normal, viene dado con la vida misma de todos los días. Vivir no es asunto de comedimientos, ni de “proporciones”. Se vive, parece querer decirnos, de manera “truculenta”, y pase lo que pase, nada hará que esto cambie en el transcurso de nuestra existencia.

Como en los cuentos que llamamos “rosa”, o como en las historias de ese género típicamente latinoamericano, la telenovela, en eso debe centrarse el lector al leer Villa Diamante, porque me parece que la sensibilidad desplegada por Izaguirre al plantear esta novela se encuentra dentro de los cauces de una sentimentalidad mayor: esa que puede entrar de lleno en los excesos del drama ¬–y también de la nadería y lo fútil¬–, en los eventos terribles que le ocurren a las personas (la muerte, la vejación, la enfermedad, el desamor, la crueldad).

¿QUÉ NOS CUENTA la novela? Es la historia de dos hermanas, Ana Elisa e Irene, quienes por una jugada del destino (atención al tono melodramático) pierden a sus padres y esto las hace comenzar una vida que las marcará para siempre. La mala pasada se las aporta la muerte de su padre. Este muere en el jardín familiar, una noche lluviosa, luego de que un rayo ha partido una de las palmeras allí sembradas, que termina por aplastarlo. La madre, a partir de esto, enloquece, y es recluida, sin que las niñas lo sepan, en un sanatorio desconocido. Entonces Ana Elisa e Irene pasan a ser cuidadas por sus vecinos, económicamente acomodados y amigos de sus padres.

PERO aquí comienza la otra parte de sus vidas, la menos feliz, si se quiere. Estar bajo el cuidado de los Uzcátegui –los vecinos– será el tiempo en el que todo para ellas cambiará definitivamente. Ellos serán los “malos de la película”. El señor Gustavo, acomodaticio y vulgar; la señora, Graciela Uzcátegui, la mala entre las malas, la villana del cuento, la contrafigura de toda la historia, la que hará de manera calculada (como lo hacen todas las villanas) que la vida hasta entonces unida de las hermanas se divida para siempre. Ana Elisa e Irene se separarán. La primera será violada, embarazada se irá al exilio. Allí conseguirá la amistad de un travesti que le hará conocer el mundo verdadero. También conocerá al amor de su vida, Hugo, quien la traerá de vuelta a Venezuela y la llenará de comodidades y lujos. A esas alturas, van a ser ella y su pareja el centro de los acontecimientos sociales y políticos de la época. Terminará logrando recuperar el pasado de su niñez al conocer, en Milán, Italia, al arquitecto que construirá la casa de sus sueños, como símbolo y monumento de transformación y superación de sus males. Por su parte, Irene será la menos favorecida de la historia tal vez por que siempre fue la más pasiva. Aunque dotada con una belleza física indecible, como de cuento de hadas, va a resultar la víctima por excelencia de Graciela Uzcátegui: será su títere, su materia manejable, el blanco de sus planes. Irene cambiará, y la desesperación la llevará a hacer cosas que el lector verá.

ESTO EN CUANTO al argumento. ¿Nada más? Nada menos. Otro aspecto al que hay que mirar detenidamente es el de la ambientación en la que se despliega toda la trama. El narrador construye los ambientes casi como “locaciones” cinematográficas, espacios muy definidos en los que con pocos recursos nos hace sentir la situación de lo contado. Todo ocurre principalmente en Caracas, desde la muerte de Gómez hasta los años 50. Además está incluida la isla de Trinidad como lugar de exilio y en la cual buena parte la historia va a transcurrir. Con ello podemos apreciar una narración poderosa. La mirada a los detalles, la descripción intramuros y la urbana de una ciudad que en menos de 20 años se transforma definitivamente, se realiza con penetración y fuerza visual. Al respecto, Izaguirre ha manejado con mucha finura y sin desperdicio la presencia física de los objetos, las calles, los clubes, las avenidas, las urbanizaciones. Leemos una Caracas histórica, de incipiente transformación medinista, luego de penetración y “gloria” perezjimenista. Sentimos el levantamiento de una arquitectura que lo copa todo, de combinaciones artísticas que le hacen juego, de colores, de artistas como Mondrian o Legèr o Villanueva. Todo aquello acompañado con el rumoreo político, el susurro sedicioso, los largos y grandes pasillos iluminados por donde se cruzan un Betancourt con los ingenieros, los negociantes, con el dictador, con el jefe de la policía nacional.

QUIZÁ Boris Izaguirre haya logrado algo pocas veces conseguido en nuestra literatura. Pudiera decirse que su mirada y su interés de narrador construyen la historia como extensión literaria de la crónica social, género periodístico tan familiar e importante para el autor. Izaguirre, con Villa Diamante, ha expuesto y creado una historia de la en demasía vida novelesca de ciertas familias caraqueñas que se levantaron e hicieron fortuna al calor de la riqueza petrolera, de la adulación política o del garrote militar. Contado desde la mirada del que registra la reunión de sociedad, la fiesta de los gustos y, cómo no decirlo, del gamour. Por esto, no nos parece extraño que uno de los personajes, en un pasaje, diga: “la crónica social, esa mezcla de cursilería y mala leche..”. No dudamos de que el autor, tan polémico y provocador, haya puesto en práctica esos dos elementos al escribir la suya.
scribir la suya.

La novela de Boris

Boris Izaguirre. Villa Diamante, editorial Planeta, 2007. Novela finalista del Premio Planeta del año 2007. 490 páginas.

PARA BORIS IZAGUIRRE, en la vida común de los mortales pasa de todo. O mejor sería decir, pasa lo mismo siempre, pero de maneras tan impensadas y tan inverosímiles que, al apreciarla, cuesta creer. Desde su mirada de narrador, lo que puede someter la historia de una persona, una familia, o una ciudad al escándalo, a lo ridículo y hasta lo cursi, para él resulta normal, viene dado con la vida misma de todos los días. Vivir no es asunto de comedimientos, ni de “proporciones”. Se vive, parece querer decirnos, de manera “truculenta”, y pase lo que pase, nada hará que esto cambie en el transcurso de nuestra existencia.

Como en los cuentos que llamamos “rosa”, o como en las historias de ese género típicamente latinoamericano, la telenovela, en eso debe centrarse el lector al leer Villa Diamante, porque me parece que la sensibilidad desplegada por Izaguirre al plantear esta novela se encuentra dentro de los cauces de una sentimentalidad mayor: esa que puede entrar de lleno en los excesos del drama ¬–y también de la nadería y lo fútil¬–, en los eventos terribles que le ocurren a las personas (la muerte, la vejación, la enfermedad, el desamor, la crueldad).

¿QUÉ NOS CUENTA la novela? Es la historia de dos hermanas, Ana Elisa e Irene, quienes por una jugada del destino (atención al tono melodramático) pierden a sus padres y esto las hace comenzar una vida que las marcará para siempre. La mala pasada se las aporta la muerte de su padre. Este muere en el jardín familiar, una noche lluviosa, luego de que un rayo ha partido una de las palmeras allí sembradas, que termina por aplastarlo. La madre, a partir de esto, enloquece, y es recluida, sin que las niñas lo sepan, en un sanatorio desconocido. Entonces Ana Elisa e Irene pasan a ser cuidadas por sus vecinos, económicamente acomodados y amigos de sus padres.

PERO aquí comienza la otra parte de sus vidas, la menos feliz, si se quiere. Estar bajo el cuidado de los Uzcátegui –los vecinos– será el tiempo en el que todo para ellas cambiará definitivamente. Ellos serán los “malos de la película”. El señor Gustavo, acomodaticio y vulgar; la señora, Graciela Uzcátegui, la mala entre las malas, la villana del cuento, la contrafigura de toda la historia, la que hará de manera calculada (como lo hacen todas las villanas) que la vida hasta entonces unida de las hermanas se divida para siempre. Ana Elisa e Irene se separarán. La primera será violada, embarazada se irá al exilio. Allí conseguirá la amistad de un travesti que le hará conocer el mundo verdadero. También conocerá al amor de su vida, Hugo, quien la traerá de vuelta a Venezuela y la llenará de comodidades y lujos. A esas alturas, van a ser ella y su pareja el centro de los acontecimientos sociales y políticos de la época. Terminará logrando recuperar el pasado de su niñez al conocer, en Milán, Italia, al arquitecto que construirá la casa de sus sueños, como símbolo y monumento de transformación y superación de sus males. Por su parte, Irene será la menos favorecida de la historia tal vez por que siempre fue la más pasiva. Aunque dotada con una belleza física indecible, como de cuento de hadas, va a resultar la víctima por excelencia de Graciela Uzcátegui: será su títere, su materia manejable, el blanco de sus planes. Irene cambiará, y la desesperación la llevará a hacer cosas que el lector verá.

ESTO EN CUANTO al argumento. ¿Nada más? Nada menos. Otro aspecto al que hay que mirar detenidamente es el de la ambientación en la que se despliega toda la trama. El narrador construye los ambientes casi como “locaciones” cinematográficas, espacios muy definidos en los que con pocos recursos nos hace sentir la situación de lo contado. Todo ocurre principalmente en Caracas, desde la muerte de Gómez hasta los años 50. Además está incluida la isla de Trinidad como lugar de exilio y en la cual buena parte la historia va a transcurrir. Con ello podemos apreciar una narración poderosa. La mirada a los detalles, la descripción intramuros y la urbana de una ciudad que en menos de 20 años se transforma definitivamente, se realiza con penetración y fuerza visual. Al respecto, Izaguirre ha manejado con mucha finura y sin desperdicio la presencia física de los objetos, las calles, los clubes, las avenidas, las urbanizaciones. Leemos una Caracas histórica, de incipiente transformación medinista, luego de penetración y “gloria” perezjimenista. Sentimos el levantamiento de una arquitectura que lo copa todo, de combinaciones artísticas que le hacen juego, de colores, de artistas como Mondrian o Legèr o Villanueva. Todo aquello acompañado con el rumoreo político, el susurro sedicioso, los largos y grandes pasillos iluminados por donde se cruzan un Betancourt con los ingenieros, los negociantes, con el dictador, con el jefe de la policía nacional.

QUIZÁ Boris Izaguirre haya logrado algo pocas veces conseguido en nuestra literatura. Pudiera decirse que su mirada y su interés de narrador construyen la historia como extensión literaria de la crónica social, género periodístico tan familiar e importante para el autor. Izaguirre, con Villa Diamante, ha expuesto y creado una historia de la en demasía vida novelesca de ciertas familias caraqueñas que se levantaron e hicieron fortuna al calor de la riqueza petrolera, de la adulación política o del garrote militar. Contado desde la mirada del que registra la reunión de sociedad, la fiesta de los gustos y, cómo no decirlo, del gamour. Por esto, no nos parece extraño que uno de los personajes, en un pasaje, diga: “la crónica social, esa mezcla de cursilería y mala leche..”. No dudamos de que el autor, tan polémico y provocador, haya puesto en práctica esos dos elementos al escribir la suya.
scribir la suya.

Entrevista a Bryce Echenique, la pena y la tristeza


BBC Mundo | Participe | Estudio Abierto | Bryce Echenique, la pena y la tristeza

Aquí dejo un vínculo hacia la entrevista hecha por la BBC de Londres al escritor peruano. La conversación se dio en Berlín, y tiene fecha de publicación en 10 de octubre. En ella Bryce habla de su obra, sus proyectos, el libro de relatos que está por publicar, Vargas Llosa, regresar a Perú, las acusaciones de plagio en su contra, “Un mundo para Julius”…

Entrevista a Bryce Echenique, la pena y la tristeza


BBC Mundo | Participe | Estudio Abierto | Bryce Echenique, la pena y la tristeza

Aquí dejo un vínculo hacia la entrevista hecha por la BBC de Londres al escritor peruano. La conversación se dio en Berlín, y tiene fecha de publicación en 10 de octubre. En ella Bryce habla de su obra, sus proyectos, el libro de relatos que está por publicar, Vargas Llosa, regresar a Perú, las acusaciones de plagio en su contra, “Un mundo para Julius”…

El goce de la historia









Luis López Nieves. La verdadera muerte de Juan Ponce de León. Editorial Norma, Colección La otra orilla, 135 páginas. Obra ganadora Primer Premio Mejor Libro de Año 2000, Instituto de Literatura Puertorriqueña, Premio Nacional de Literatura.

Eugenio Aristegui Arzallús, profesor de Historia con estudios en varias universidades importantes, y sobre todo, asiduo visitante desde niño el Palacio Arzobispal de Puerto Rico, descubre, con sus habilidades para excudriñar textos antiguos, que Ponce de León, el colonizador de la isla caribeña, murió en circunstancias que ahora él, Eugenio, ha descifrado. El descubrimiento de esa muerte, “la verdadera”, le llega por la conjunción de varias situaciones: desde pequeño frecuenta la sede del arzobispado, entre otras cosas, porque su tía, María del Pilar –que es monja– le lleva allí para que juegue; también, por que el mismísimo Arzobispo, quien lo atrapa dormido en los brazos de una pietà, lo invita a usar sin restricciones la biblioteca; finalmente, por el gusto y la capacidad que desarrolló para moverse cómodamente entre muebles, estantes y archivos. Es este personaje el que nos cuenta la historia y desde él lo vemos todo.

El narrador nos lleva a descubrir un entramado de situaciones que van a desembocar en lo que se pretende contarnos: cómo Juan Ponce de León pierde la vida por el engaño de un indio que le servía como esclavo. Este indio le hace creer al colonizador que existe una fuente, más allá de la isla en que viven, que puede otorgar la juventud eterna. Así, Ponce de León se enfrasca en la enloquecida búsqueda de una quimera: la supuesta fuente de agua salutífera no es otra cosa que un subterfugio, una venganza que el indio esclavo le brinda para vengarse de él y de sus maltratos.

Todo esto es contado desde una suerte de “trampa” narrativa. Al inicio, el narrador no entra de lleno en el cuento de Ponce y su esclavo, sino que lo va haciendo aparecer como en un ejercicio de arqueología en el que capa tras capa van apareciendo indicios, pistas que nos llevan a otras que necesitan descifrarse. Y así se hace. Al final, luego de contarnos la infancia de Eugenio y lo que sabemos de él, nos dirige hacia una aventura de enigmas históricos que dan con lo que importa: cómo y porque murió el colonizador de Puerto Rico.

La figura de Ponce de León no es meramente de ficción. Es un personaje histórico. Es conocido como el adelantado y porta, con lo que llamaríamos hoy, “credenciales” para explorar, dominar y anexar los territorios del mar Caribe a los dominios ultramarinos de España. Como sabe el lector, estamos situados en pleno momento de descubrimiento y conquista, cuya fecha, en el caso de Puerto Rico es 1508, más o menos. Cristóbal Colón topó con ella en 1493. Lo que se sabe de Ponce de León es que fue gobernador de la isla y trabajó en la exploración de posibles yacimientos de oro y otros minerales preciosos. En un momento de su existencia fue atrapado por la creencia en este mito de la Fuente de la Juventud y apenas se tiene como cierto, hasta ahora, que murió por una flecha en un combate contra indios caribes. Recaló, para finalizar sus días, en la isla de Cuba, luego de dos intentos de encontrar la dichosa fuente, sin logarlo. Lo que sí consiguió fue descubrir La Florida, península de la parte norte del continente americano.

Luis López Nieves, con este relato, coloca la historia en una perspectiva interesante porque nos completa, con la capacidad recreadora del lenguaje y la imaginación, un evento del pasado real del que apenas se conocen sus motivaciones, sus resortes. Maneja la historia más que como un hecho como una realidad abierta a toda posibilidad de invención. Este narrador puertorriqueño, en los libros que lleva publicados hasta hoy, no ha cesado de trabajar en la reconstrucción de nuestro pasado colonial latinoamericano, y su importancia, creo, radica en ello. Para él, como expresa al final del libro, “la época de la Conquista es el siglo literario por excelencia del Caribe… El siglo XVI es nuestro periodo histórico más universal”.

Son cinco los relatos contenidos en esta muestra, todos escritos en función de penetrar ese pasado colonial. Aparte del que da nombre al libro, están “El gran secreto de Cristóbal Colón”, “El conde de Ovando”, “La última noche de Rodrigo de las Nieves” y “El suplicio caribeño de Juan de Bordón” ­–una de las mejores y más elaboradas piezas del conjunto, algo para detenerse a apreciar.

El goce de la historia









Luis López Nieves. La verdadera muerte de Juan Ponce de León. Editorial Norma, Colección La otra orilla, 135 páginas. Obra ganadora Primer Premio Mejor Libro de Año 2000, Instituto de Literatura Puertorriqueña, Premio Nacional de Literatura.

Eugenio Aristegui Arzallús, profesor de Historia con estudios en varias universidades importantes, y sobre todo, asiduo visitante desde niño el Palacio Arzobispal de Puerto Rico, descubre, con sus habilidades para excudriñar textos antiguos, que Ponce de León, el colonizador de la isla caribeña, murió en circunstancias que ahora él, Eugenio, ha descifrado. El descubrimiento de esa muerte, “la verdadera”, le llega por la conjunción de varias situaciones: desde pequeño frecuenta la sede del arzobispado, entre otras cosas, porque su tía, María del Pilar –que es monja– le lleva allí para que juegue; también, por que el mismísimo Arzobispo, quien lo atrapa dormido en los brazos de una pietà, lo invita a usar sin restricciones la biblioteca; finalmente, por el gusto y la capacidad que desarrolló para moverse cómodamente entre muebles, estantes y archivos. Es este personaje el que nos cuenta la historia y desde él lo vemos todo.

El narrador nos lleva a descubrir un entramado de situaciones que van a desembocar en lo que se pretende contarnos: cómo Juan Ponce de León pierde la vida por el engaño de un indio que le servía como esclavo. Este indio le hace creer al colonizador que existe una fuente, más allá de la isla en que viven, que puede otorgar la juventud eterna. Así, Ponce de León se enfrasca en la enloquecida búsqueda de una quimera: la supuesta fuente de agua salutífera no es otra cosa que un subterfugio, una venganza que el indio esclavo le brinda para vengarse de él y de sus maltratos.

Todo esto es contado desde una suerte de “trampa” narrativa. Al inicio, el narrador no entra de lleno en el cuento de Ponce y su esclavo, sino que lo va haciendo aparecer como en un ejercicio de arqueología en el que capa tras capa van apareciendo indicios, pistas que nos llevan a otras que necesitan descifrarse. Y así se hace. Al final, luego de contarnos la infancia de Eugenio y lo que sabemos de él, nos dirige hacia una aventura de enigmas históricos que dan con lo que importa: cómo y porque murió el colonizador de Puerto Rico.

La figura de Ponce de León no es meramente de ficción. Es un personaje histórico. Es conocido como el adelantado y porta, con lo que llamaríamos hoy, “credenciales” para explorar, dominar y anexar los territorios del mar Caribe a los dominios ultramarinos de España. Como sabe el lector, estamos situados en pleno momento de descubrimiento y conquista, cuya fecha, en el caso de Puerto Rico es 1508, más o menos. Cristóbal Colón topó con ella en 1493. Lo que se sabe de Ponce de León es que fue gobernador de la isla y trabajó en la exploración de posibles yacimientos de oro y otros minerales preciosos. En un momento de su existencia fue atrapado por la creencia en este mito de la Fuente de la Juventud y apenas se tiene como cierto, hasta ahora, que murió por una flecha en un combate contra indios caribes. Recaló, para finalizar sus días, en la isla de Cuba, luego de dos intentos de encontrar la dichosa fuente, sin logarlo. Lo que sí consiguió fue descubrir La Florida, península de la parte norte del continente americano.

Luis López Nieves, con este relato, coloca la historia en una perspectiva interesante porque nos completa, con la capacidad recreadora del lenguaje y la imaginación, un evento del pasado real del que apenas se conocen sus motivaciones, sus resortes. Maneja la historia más que como un hecho como una realidad abierta a toda posibilidad de invención. Este narrador puertorriqueño, en los libros que lleva publicados hasta hoy, no ha cesado de trabajar en la reconstrucción de nuestro pasado colonial latinoamericano, y su importancia, creo, radica en ello. Para él, como expresa al final del libro, “la época de la Conquista es el siglo literario por excelencia del Caribe… El siglo XVI es nuestro periodo histórico más universal”.

Son cinco los relatos contenidos en esta muestra, todos escritos en función de penetrar ese pasado colonial. Aparte del que da nombre al libro, están “El gran secreto de Cristóbal Colón”, “El conde de Ovando”, “La última noche de Rodrigo de las Nieves” y “El suplicio caribeño de Juan de Bordón” ­–una de las mejores y más elaboradas piezas del conjunto, algo para detenerse a apreciar.