Salutación de Halloween

Más allá de las diversiones y juegos de disfraces que suelen hacerse un día como hoy, ese Halloween que ya parece ser una costumbre mundial, aparte de eso, nosotros, como ciudadanos debemos tener presente que en este país también se celebra uno de los momentos más cruciales y decisivos de nuestra historia contemporánea. En una noche de fantasmas, cuando se “juega a los muertos”, más vale tener en cuenta cuáles de esas apariciones andan todavía cerca de nosotros, pidiendo su justo reconocimiento a la puerta de nuestras conciencias, en ese umbral en el que nuestra historia nos ha dejado muchas veces asombrados, irresueltos, sin palabras, petrificados. La noche del terror parece volver siempre sobre nosotros sin que podamos conjurarla.

Hace 57 años, un día 31 de octubre, tres líderes políticos se reunieron en una casa llamada “Punto fijo” y allí pactaron lo que muy pronto, casi al salir, significó el establecimiento de las bases para lo que se entendió en lo sucesivo como “democracia”. Ese pacto entre Rómulo Betancourt, Jovito Villaba y Rafael Caldera, además de sus seguidores y hombres ligados a la transición conseguida al final de la dictadura militar perezjimenista, ese pacto comprendió la posibilidad, clara y contundente, de que en el país se lograra un consenso de fuerzas civiles políticas que impidieran para siempre la vuelta al gobierno de Venezuela de cualquier forma autoritaria de regirlo. En esa alianza, además, se estableció lo que se conoce como “alternabilidad en el ejercicio del poder”, que como se sabe, implicaba y comprometía a los actores elegidos a la primera magistratura, gobernar por el periodo de cinco años o, según las leyes que fueron establecidas, permitieran sobre todo la participación del mayor número de actores políticos de tendencias distintas. Por ejemplo (aunque no exclusivamente) quien hacía oposición hoy, mañana podía gobernar.

Pero además de esa alternabilidad y del establecimiento del juego democrático bien afincado en instituciones sólidas como los poderes públicos y los organismos que la reciente dictadura jamás permitió construir, ademas de eso, ese pacto estatuyó que las fuerzas armadas encontraran una posición no deliberante, no participativa, en las decisiones del mundo civil y los destinos de la nación, y se encargaran, fortalecidas y desarrolladas para eso, en garantizar nuestra soberanía, y de proteger nuestro territorio frente a posibles agresiones del exterior.

De ese pacto hasta hoy han transcurrido 57 años. Cuarenta de ellos pasaron en la realidad difícil, a veces imposible, de lograr que lo pactado en Puntofijo se  mantuviera en pie. Sabemos que muchas ambiciones, muchos desvaríos, mucha desidia, mucha ignorancia, hizo de las suyas para que de aquella alianza no quedaran sino cenizas. Pero tuvimos democracia, sí, la tuvimos. El país con todo lo imperfecto que fue llevar a término ese juego democrático pactado en esa fecha (que hoy deberíamos celebrar “contra toda esperanza”), creció, fue prosperó, consolidó su presencia en la región, y fue libre. Durante cuatro décadas fue libre. Y para los ciudadanos libres de esos años, las instituciones que esa democracia levantó fueron lo mejor que hoy podemos confirmar hemos tenido en toda nuestra historia republicana.

Los cuarenta años de los que hablo llegaron hasta 1998. El tiempo que ha pasado hasta hoy, 31 de octubre de 2015, cada uno en su conciencia sabrá cómo calificarlo. En todo caso, es notorio que los últimos años vividos en nuestro país aniquilaron el pacto nacido de la crisis de 1958 y le abrieron la puerta a fuerzas y a circunstancias que no construyen, no edifican, no crean nada.

Hoy celebremos, con las máscaras del terror, y de los espantos de la más oscura noche, esa que vuelve a tocarnos la puerta siempre, que alguna vez fuimos una nación plural, abierta, diversa, y deseosa de crecer y de, sobre todo, ser libre.

Feliz Halloween.