El mal es el odio a lo bello

Recuerdo de febrero de 2013

Le pregunté a J., si no sentía lo mismo que yo en relación a esa sensación extraña y espeluznante de que el mal se está moviendo en el país de un modo como no se había visto antes, y estuvo de acuerdo y dijo cosas al respecto. Como siempre, lo que dijo fue sustancioso y certero, dicho con puntería de quien ha vivido y reflexionado durante años; dicho por quien o para quien la literatura y el arte han sido el ámbito esencial de toda la existencia (no en balde ha sido profesor durante décadas).

Varias cosas dijo, pero quiero recordar la que consideré central en todo lo que dijo:”el mal es el odio a la belleza, a lo bello”. Para J., el mal aparece allí donde la belleza se muestra, y aparece para destruirla, para asesinarla (mencionamos, de pasada, a Yago). La aparición de lo bello es suficiente para que lo maligno salga a cobrárselo: no lo soporta, no lo tolera. Belleza puede seguir entendiéndose como se ha entendido desde Homero hasta los románticos o incluso hasta después. Pero puede entenderse lo bello como todo lo que está vivo, lo que está animado, lo que brota libre, libérrimo sobre la tierra, o entre humanos, como la alegría, la amistad, los momentos eróticos con nuestra pareja; los hermosos días con los hijos y con nuestros padres, si es que acaso nos acompañan todavía. Esa es la belleza deseable, a la que humanamente tenemos acceso y derecho. La belleza concreta, corporal, en la que lo divino se muestra y nos recompensa.

A un poeta del sur

En el vasto río pasa de largo
otro río, por el que cruzan un rostro
y una mano incierta.

Pasan también la noche, la mujer,
y el escalofrío
de no tener cuerpo para la batalla,
cruenta. Un hombre ha labrado
incansable la noche
con la pupila de los dedos, los oídos;
ha invertido en la memoria
el derroche de dones muy amigos.

El padre, las espadas, el ruiseñor
y los libros, son y han sido
sus monedas más gastadas.

No lo conocen en todo el orbe
(enigmático espejo, laberinto),
sino por este nombre: Borges.