Nos están quitando la República

G. Carrera Damas / Foto: Sandra Bacho
G. Carrera Damas / Foto: Sandra Bracho

Lo que sigue es uno de los trabajos que integran el libro En defensa de la República, lo más reciente del historiador Germán Carrera Damas.

Publicado por Los Libros de El Nacional, en la colección Ágoras, este trabajo reúne lo que el propio historiador ha dado en  llamar “mensajes históricos”: textos de corte divulgativo escritos para señalar y dar una voz de alerta en torno al momento político que estamos viviendo los venezolanos bajo el gobierno de los últimos 14 años.

Carrera Damas comenzó estos mensajes en 2005 y desde entonces han venido apareciendo en distintos medios impresos y digitales del país y del exterior.

Amablemente cedió la posibilidad de publicar uno de esos trabajos para este blog. “Todo esto lo hice como una forma de expresarme con más amplitud”, me dijo en una conversación telefónica.

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Los Libros de El Nacional. Colección Ágoras, 2013
Los Libros de El Nacional. Colección Ágoras, 2013

Hablo de algo que nos concierne directamente. A mí como historiador y ciudadano. A ustedes como representantes actuales de quienes mucho contribuyeron en el hacerse de aquello que por verse hoy amenazado nos concierne a todos.

Quiero dar, de nuevo, la voz de alerta ante la más grave de las amenazas que se han cernido, en tiempos recientes, sobre la sociedad venezolana: nos están quitando la República.

Debo ser muy claro: ya no es sólo la democracia la que está en riesgo; lo está la República. La democracia enfrenta con éxito la amenaza que para ella han significado, primero, el militarismo-bolivarianismo; y ahora el arcaizante seudosocialismo bautizado como del siglo XXI.

La tenacidad con que la sociedad ha preservado su vocación democrática ha permitido comprobar, de manera objetiva, que la democracia no es asunto de los gobiernos sino de los pueblos. Y con esto ha quedado demostrado, también, que una vez practicada la democracia por la sociedad, es imposible desarraigarla. Pero, igualmente ha quedado comprobado –lo que es particularmente relevante–, que los intentos de erradicar la democracia sólo han conseguido templar, en la sociedad venezolana, su determinación de preservarla.

Otra es la situación respecto de la república moderna. Esta aún es vulnerable. Todas las sociedades que, como la venezolana, proceden políticamente de la Monarquía –porque una sociedad monárquica fuimos–, han recorrido un camino largo y accidentado hacia la República. Incluso la República de los Estados Unidos de América, surgida de la independencia ganada rompiendo con una Monarquía atenuada por la Carta de Derechos conquistada en 1689, y primera república moderna en instaurarse, entre 1775 y 1800, requirió casi un siglo de esfuerzos, y padecer la primera guerra moderna, para estabilizarse. Comenzó a perfeccionarse al ser abolida legalmente la discriminación racial, en el último tercio del siglo XX. Entre el asomo de la República en Francia, en 1793, y su instauración –esperemos que definitiva–, posteriormente a la Segunda Guerra Mundial, mediaron el Imperio, la Monarquía Constitucional, La Comuna de París, y aun el Estado de Vichy, que sumados superan el siglo y medio. Y no hablemos de la República en Alemania y Rusia.

* * * *

No me detendré a definir la república moderna. Me limitaré a subrayar la significación del factor que diferencia esencialmente la República de la Monarquía. Ese factor es la soberanía popular. El pleno y libre ejercicio de la soberanía popular es la única fuente de legitimidad del Poder Público, en sus tres fases: la de su formación, la de su ejercicio y la de su finalidad. No lo es de la legitimidad de una u otra de esas fases, sino de todas, correlacionadas por la libertad, plena, vigente, determinante, insubstituible; en suma, democráticamente expresada, y acatada como incuestionable primacía de la soberanía popular.

Y mala vida llevó, durante más de un siglo la soberanía popular en Venezuela. Se vio zarandeada en el forcejeo entre dos poderosos factores. Uno fue la voluntad política republicana, doctrinariamente proclamada y constitucionalmente estatuida. El otro fue el atavismo monárquico, socialmente vigente desde la ruptura de la República de Colombia, en 1830, cuando se inauguró en Venezuela la República Liberal Autocrática, que reinó, literalmente y de manera no interrumpida, hasta 1945-1946, cuando el estreno de la plena soberanía popular le puso término histórico. Pero la autocracia rebrota hoy, si bien revestida de grotescos disfraces ideológicos.

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En Venezuela, la República ha asumido tres modalidades perdurables: la República Moderna Liberal, en el seno de la República de Colombia, en el lapso 1821-1830; la República Liberal Autocrática, en 1830-1945; y la República Liberal Democrática, desde 1945-1948. Conviene recordarlo hoy, sobre todo porque nos aproximamos a la conmemoración del segundo centenario de la declaración de Independencia; y debemos tener claro de cuál de esas repúblicas somos directamente responsables los venezolanos de hoy.

Es necesario recordarlo, porque una deformación de la conciencia histórica nos ha llevado a creer que la República es algo definitivamente adquirido, y a confundir dos nociones que son estructuralmente diferentes. Una noción es la de independencia, que se refiere al ejercicio de la autonomía. La otra es la de República, que se refiere, como he dicho, a la formación, el ejercicio y la finalidad del Poder Público, por la exclusiva vía del ejercicio pleno de la soberanía popular.

La Independencia representó la ruptura del nexo colonial, en el que nos formamos históricamente. La instauración de la República significó dejar en el ámbito de la fe el acatamiento de la voluntad divina, y substituirla por el ejercicio de la soberanía popular en todo lo correspondiente al Poder Público. La Monarquía no era incompatible con la Independencia: México y Brasil lo demostraron.

Sólo que la historiografía primaria todavía pretende que al ser declarada la Independencia comenzó a regir la República. Fue necesario afirmarlo para justificar el malestar sociopolítico derivado de la prolongada y destructiva disputa de la Independencia. La realidad histórica es otra: comenzó a recorrer entonces, la sociedad venezolana, el largo camino que habrá de conducirla a ser una sociedad republicana genuinamente democrática, integrada por ciudadanos conscientes de sus deberes y celosos guardianes de sus derechos.

* * * *

 La construcción de la sociedad republicana democrática comenzó en 1945-1946, un siglo después de haber sido reconocida la Independencia por nuestra Corona, en 1845. Cuatro grandes factores confluyeron en ese momento crucial de nuestra historia. Ellos fueron: en primer lugar, el haberse completado la sociedad venezolana, mediante el reconocimiento de sus derechos políticos a la mujer. En segundo lugar, el haber rescatado la Soberanía popular mediante la instauración del voto directo, universal y secreto, como culminación de procesos electorales democráticamente organizados, y sujetos al escrutinio de la opinión pública, por obra de los partidos políticos y de los medios de comunicación. En tercer lugar, por el impulso dado a la organización de la sociedad en partidos políticos, sindicatos y gremios, con efectiva posibilidad de su participación en la conducción de la sociedad. Y en cuarto lugar, por la puesta en marcha, por el gobierno revolucionario, de la formación y desarrollo de una burguesía empresarial moderna, mediante la creación del Consejo de Economía Nacional, con representación privada; de la Corporación Venezolana de Fomento, y la pormenorizada cuenta sobre la economía y la política económica presentada por Rómulo Betancourt ante la Federación Venezolana de Cámaras y Asociaciones de Comercio y Producción, el 30 de mayo de 1946, en la que expresó, textualmente: “No existe la ‘política del Estado-comerciante’”.

Aun reconociendo los hombres que concibieron este vuelco de la historia republicana de Venezuela que esos factores debían conjugarse en el marco del aprendizaje de la democracia por la sociedad venezolana; y que cada uno de esos factores desempeña un papel determinante; comprendieron que tal aprendizaje de la democracia requería la participación activa de una burguesía, en sus diversas capas, que fuese portadora e impulsora del avance tecnológico y de la eficiencia económica requeridos para dotar a la democracia de los medios sociopolíticos necesarios para combatir el secular atraso de la sociedad venezolana, atraso orgánicamente vinculado con una agricultura precaria, una manufactura rudimentaria y un comercio elemental.

En consecuencia, la todavía incipiente burguesía venezolana se vio llamada a modernizar la sociedad modernizándose ella misma. Debía, para ello, y como la sociedad toda, rescatarse de su propio atraso. Debía, entre otras cosas, superar su hasta entonces predominante carácter parasitario del Poder público, inscribiéndose en políticas públicas dirigidas a propiciar su desarrollo autónomo.

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 Se habría necesitado carecer de conciencia política, y estar desprovisto de sentido histórico, para poder pensar que esta compleja tarea de transformación de la sociedad venezolana podría llevarse a cabo sin tropezar con grandes y repetidos obstáculos. Las fuerzas contrarias a la modernización democrática de la sociedad no sólo no han cejado en su empeño, sino que han recurrido a todos los procedimientos para ejercer su acción retardataria. Desde la desorientación ideológica hasta la insurrección armada, pasando por la guerrilla y la invasión cubana, todos los procedimientos han sido y son aplicados.

 La desorientación ideológica ha hecho marchar contra sus propios intereses sociohistóricos a sectores obreros y empresariales. La desorientación ideológica ha llevado al virtual abandono de la concepción pedagógica de la política. La intelectualidad se ha revelado inferior al compromiso social que su condición le genera. Los gremios, que en toda sociedad moderna son apoyo de las funciones institucionales, han desatendido su papel de vigilancia y control de la función pública. Estas y otras son manifestaciones de la trabajosa conformación de una sociedad democrática. El haberlas padecido no nos singulariza como sociedad, ni debe ofuscarnos.

 Debemos situar esas manifestaciones, detestables, en el marco de lo fundamental logrado por la sociedad venezolana en su empeño de modernizarse y democratizarse. Debemos sentirnos fuertes por el hecho de que ninguno de los regímenes contrarios a ese propósito social, de modernidad y democracia, había osado intentar abolir los logros democráticos conquistados en las más de cinco décadas transcurridas desde el inicio de la transformación de la sociedad venezolana. Adulterarlas y falsearlas, sí, pero no abolirlas.

Hoy esas conquistas son objeto de un intento abolicionista solapado. Consiste en privarlas de su fundamento necesario, que es el ejercicio de la soberanía popular. Conscientes los estrategas del régimen de los graves riesgos que generaría el prescindir de la consulta a la soberanía popular; y habiendo comprobado que los vastos recursos empleados, el ventajismo practicado y los procedimientos fraudulentos, no han sido suficientes para anular el descontento social, en la medida requerida por la conspiración antidemocrática y arcaizante, buscan la manera de eludir ese compromiso constitucional, y con ello ponen en riesgo grave la existencia misma de la República.

Todos los sectores sociales debemos comprometernos en la defensa de la República. No debe creerse que ese compromiso es mayor o menor según la naturaleza de esos sectores. Pero, me permito recordar, desde mi oficio de historiador, que la vigencia de la república moderna, fundada en el ejercicio de la soberanía popular, se corresponde, esencial y revolucionariamente, con la formación y el desarrollo de la burguesía.

Quede a ustedes el sacar conclusiones de lo dicho. Gracias.

Caracas, noviembre de 2009

Nota:

Conferencia dictada, por invitación de Consecomercio, en el Día del Comercio y los Servicios 2009. Escenario 2010. Caracas, Jueves 19 de noviembre de 2009.

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¿Por qué queremos tanto a José Pulido?

José Pulido / Foto: Alexandra Blanco.
José Pulido / Foto: Alexandra Blanco.

Para quienes lo conocemos desde hace mucho nos hemos dado cuenta de que con él otra cosa es imposible. Se hace querer de un modo entrañable. Tal vez ese don venga anudado, “cosido”, a sus otros dones: la sencillez, la gracia, la humildad casi infantil con la que habla y piensa muchas veces, el humor infatigable que tiene para contarnos los más inverosímiles cuentos que se le puedan ocurrir a alguien. Todo esto da cuenta de lo que Pulido es como persona pero también de lo que es como escritor, porque si hay alguien en el que oficio y vida forman una pasta, una sola carne, un solo cuerpo viviente y vivificante, es en él.

Queremos tanto a José porque es un magnífico escritor. Es un escritor entrañable. Y lo es en dos sentidos que la palabra entrañable nos ofrece: por un lado, nos da la entraña de la vida (escrita, imaginada) narrándonos su entraña, su víscera, por así decirlo, con una honestidad pasmosa. Por otro lado, no nos queda más remedio que movernos a compasión (esa forma de amor que lo abarca todo, lo acepta todo) porque su prosa es tan auténtica, tan honradamente sentida y escogida, aun cuando nos muestra lo más brutal, lo más feo, lo vulgar indecible de la vida, del país, de la humanidad. Así que la cuenta que puede sacarse luego de leer los relatos y novelas de José Pulido es que nuestro mundo se ha ensanchado, hacia adentro, hacia abajo, y que ese ensanchamiento nos deja con la sensación de haber estado más cerca de una verdad ya por fin humana.

Pulido nos cuenta el horror riéndose y haciéndonos reír también, muchas veces amargamente. Y reímos. Nos muestra la tragedia que vivimos, cómo es, qué colores tiene, cómo y a qué suena, a qué huele. Nunca ha renunciado a decir la verdad y creo que ha sido uno de nuestros escritores que más esfuerzo ha puesto en enlazar la belleza con lo horrible, como si encontrara la manera de reunir a esas dos hermanas que se odian pero que irremediablemente vienen de una misma madre, la madre ficción, la madre fabulación.

El martes pasado, 19 de febrero, presentamos el último libro de José Pulido Los Héroes son villanos tímidos editado por Los Libros de El Nacional, en el sello Otero ediciones. La presentación fue hecha por otro querido escritor, Héctor Torres, quien además es el prologuista de la obra. Aprovecho la ocasión para celebrar con ellos y con todos mis amigos lectores esta publicación e invitarlos a buscarla… para que luego hablemos…

Dejo lo leído por el autor para el público que lo acompañó aquella noche.

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Portada del último libro de cuentos.
Portada del último libro de cuentos.

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Palabras para un día de cuentos
José Pulido

Es completamente normal que yo escriba. Desde niño sólo recibía un mensaje de mi mente obsesiva: tienes que escribir, tienes que escribir. Pensaba que el físico no me daba para otra cosa. Me gustaba el béisbol, pero ya los péptidos maliciosos habían regado por todo mi cuerpo las ganas de tener una máquina Underwood. Y eso se debe a que leía algunos libros divertidos que caían en mis manos y además me extasiaba con los textos que unos cuantos periodistas y creadores luminosos acuñaban en los diarios.

Este libro de cuentos que El Nacional publica iniciando el año 2013, es el reconocimiento que el periódico le hace a uno de sus hijos. Porque estos cuentos nacieron aquí, se forjaron y se afinaron en esta casa periodística y el autor también.

Desde hace tiempo quería expresar mi agradecimiento por este periódico y por los otros periódicos venezolanos de la modernidad, que fueron como una escuela extra, una biblioteca extra, una universidad popular.

El Nacional me contagió su fervor por la cultura y me hizo un hombre de izquierda y ahora no puede deshacerme. Sólo puede alentarme a permanecer lúcido y honesto.

Como todos los venezolanos de mi generación, crecí leyendo El Nacional y percibiendo en sus páginas la existencia de autores admirables. En El Nacional saltaban las chispas que provocaban sus periodistas y narradores en cada época. Yo tuve el privilegio de encontrarme con varios de ellos en las esquinas y las plazas de sus escritorios y de verme envuelto en la amistad casi mitológica de Miguel Otero Silva, Oscar Guaramato y Juan Manuel Polo.

Resulta imposible ser lo que ellos fueron. Pero podemos mantenerlos apartados del olvido. Debemos recordar el arte de la crónica, que abundaba en Juan Manuel Polo; la parábola justiciera y poética de Miguel Otero Silva y el fuego encriptado en la voz homérica de Oscar Guaramato.

Los invoco ahora, porque ellos estaban ahí, consolidando un concepto ético y estético llamado periódico.

Siempre me ha parecido que la narrativa corta venezolana se ha desarrollado gracias a la jerarquía que desde sus inicios tuvo el concurso de cuentos de El Nacional entre tantos lectores. Y gracias a la importancia del periódico en sí mismo, porque jamás dejó de percibir la trascendencia de la cultura y lo manifestó a través de la escritura motivadora de creadores e intelectuales que habitaron y habitan estas páginas. Gente de todas las tendencias. La pluralidad que jamás debe mermar.

El ser humano convierte en cuento cada experiencia, porque de esa manera puede preservar lo conocido, interpretar lo desconocido y hasta le es dado intervenir un poco en los avatares del destino.

Constantemente me preguntan por qué escribo sobre la violencia. Y no hay respuesta, pero creo que todos los escritores de la gran biblioteca universal, no han hecho más que relatar la violencia en sus diversas facetas. Hasta los yahvistas y los evangelistas. Tampoco son apacibles en su belleza Las mil y una noches, La caperucita roja, Otelo, Romeo y Julieta, Don Quijote de la Mancha, Doña Bárbara, La metamorfosis, La mano junto al muro.

La violencia marcha unida al deseo de paz, a la preservación de la mansedumbre. Se trata de algo enfermizo que viaja entre el amor y el odio, la vida y la muerte, la ignorancia y la sabiduría.

Por si fuera poco, sé que la violencia ha sido y seguirá siendo uno de los negocios más prósperos que se han inventado. Sólo basta echarle un vistazo al papel que juega el dinero en cualquier acto violento.

Escribo sobre personajes brutales, que hablan un castellano pervertido, porque sus voces contienen una música que sólo pertenece a la tragedia. Aunque los criminales se revitalizan en el hedonismo, en la diversión, jamás conocerán la felicidad porque son trágicos y no necesitan ser de otra manera.

La violencia que cultiva morgues, es la epidemia de una época y la escribo a mi manera, donde todo debe rendirse ante el lenguaje de la poesía. Intento dar con la explicación mágica de la poesía. Busco un rezo que sirva para el exorcismo contra el odio gratuito.

En este libro cuento sobre un asesino tan terrible e implacable, que su ángel de la guarda no sabe cómo actuar.

“Yimi Loreto mata como si estuviera orinando: no se puede aguantar. Es tan asesino que casi no es otra cosa. Ha matado como tú no tienes una idea. Cree que la pistola es la que mata, y ella debería acumular los remordimientos en una cacerina invisible”.

El cuento que le proporciona título al libro, muestra a un personaje de catorce años, que piensa en Batman mientras su madre lo lleva al médico.

“El único amigo que yo tengo es Batman, con él me escondo y hablo. Un papá así como tú es que yo quisiera tener, le digo. Y Batman, con las manos en la cintura dice lo que no se puede no se puede. Y yo le vuelvo a criticar que ni siquiera tiene una novia. Si tú fueras papá mío, yo te ayudaría a pelear y mi mamá te cocinaría hervido de gallina los domingos. Batman dice ¡recórcholis!, se me está haciendo tarde y siempre se mete en su baticueva para que yo no le hable de que es el único hombre que soportaría al lado de ella. Santa amargura. Y se escapa porque sabe que sigo empeñado en la venganza. La venganza es mala, repite para que no le cuente y yo comienzo a darle golpes con el suplemento enrollado a las hormigas que suben por la pared.”

Yo escribo de la violencia sin odio y sin amor por ella, aunque quisiera que el amor predominara. Sé que el amor es la sangre de Dios. Si hay un Dios, su fortaleza verdadera debería ser el amor. Pero es más fácil encontrar a una multitud odiando que a una multitud queriendo.

Todos sabemos que ningún proyecto social puede consolidarse si no se le pone orden sereno y consciente a la violencia, pero como que no es suficiente saberlo. Como que no es suficiente sufrirlo.

Cuando la gente nueva de hoy se convierta en la gente usada de mañana, tendrá que hacer mercado de recuerdos y nostalgias.

Y ojalá tenga lugares de referencia para hacer ese mercado sentimental, como yo he tenido las redacciones y el pueblo que habita en todos los periódicos.

Hablo de las nostalgias a las que uno acude cuando se trata de impartir justicia y reconocer que en determinado ámbito se aprendió lo sublime y lo tosco. Y que todos, en definitiva, somos hijos de un país que nos necesita juntos en el acto de sembrar y de aumentar las siembras, para que vayan disminuyendo los cementerios.

Celebrar la intimidad: Victoria de Stefano y Rafael Castillo Zapata

RAFA Y VICTORIA 1

El sábado 2 de febrero se presentó el libro Travesías. Diarios de viajes. La relación infinita 1990-2010 de Rafael Castillo Zapata (en una edición sobria y cuidada por Sandra Caula y el autor), en la librería Lugar Común de Altamira.

La presentación estuvo a cargo de Victoria de Stefano, quien inició una rica conversación con Rafael, conversación que permitió que  ocurriera una de las tardes más amables y cálidas que he podido tener en mucho tiempo.

Oyéndolos hablar, daba la sensación de estar asistiendo a una de esas situaciones clásicas aprendidas en el simposio platónico, donde reunidos en una sala, personas se ponen a charlar estimuladas por el vino y por la amistad. Fue un momento de sosiego, de honradez valiente y desenfadada, de recuerdo y de intimidad, de parte de Rafael; fue un momento de calidez de la voz, elegancia y serenidad de la experiencia, de parte Victoria.

No llevaron nada escrito, sólo se soltaron al vuelo de lo que recordaban y de lo que, como escritores, siempre tienen a la mano. Así que todo fue de una fresca espontaneidad. Lo leído en tantos años, lo vivido junto a ello, las preocupaciones de la hora y del país, así como lo que iban desatando mientras hablaban, es lo que dieron esa tarde, junto a amigos y conocidos lectores. También, dos grandes y queridos escritores estuvieron allí: Elisa Lerner y Armando Rojas Guardia.

Aquí dejo la transcripción de lo que se dijo esa tarde.

Victoria:
…El epítome de los diarios, son los diarios de Rufino Blanco Fombona; también los diarios de Alejandro Oliveros quien ha publicado varios tomos. Existen escritos muy cercanos a los diarios como son Crónica de la memoria de Armando Rojas Guardia, El diario merideño –que no he leído– y el Dios de la intemperie, del que uno podría decir que forman parte de esa gran categoría que llaman el “género introvertido”.

Quizá estén también estos diarios que Castillo Zapata está escribiendo o ha escrito y está publicando poco a poco… En realidad, en América Latina no existe la tradición del diario, tan es así que cuando el gran diario latinoamericano que es de Ribeyro, de Julio Ribeyro, que se llama Tentación del fracaso, cuando él lo escribe se refiere a esa ausencia del diario en la literatura latinoamericana que particularmente él piensa que es una tradición más europea, particularmente francesa y también en la tradición de los alemanes, austriacos. Una tradición que comienza con el siglo XIX con el Romanticismo.

El diario de Rafael Castillo Zapata tiene el nombre de Travesías. Diarios de viaje. La relación infinita 1990-2010. Estos diarios de viaje son unos diarios realmente sui generis porque son unos diarios que representan lo que propiamente es un diario, es decir, parte de una mirada, la mirada del viajero, sobre el mundo exterior y que rápidamente se vuelve hacia sí mismo. Es un diario íntimo. Es como una “escritura de cámara”, que llaman algunos. Tiene los rasgos que a algunos no les gustan, y que él mismo en un momento se pregunta si serán varios… son diarios de un estar con sus propias experiencias, y que, como dicen algunos estudiosos del diario, “a los lectores demasiado discretos no le gustan los diarios”. Creo que soy una lectora muy indiscreta porque sí me gustan mucho los diarios. Y sobre todo un tipo de diario de estilo confesional, personal. La indagación sobre sí mismo es algo que está presente en todo momento en estos diarios.

El diario empieza en Madrid. Cuando él está en Madrid, al principio, está mirando la ciudad, la atmósfera, las luces, los colores, está como volcado hacia el mundo exterior. De pronto, Rafael habla de unas películas que ha visto sobre el tema de la homosexualidad y dice, por ejemplo la película Caravaggio, que no le gusta porque a él le gustaría, prefiere, la sinceridad, la simplicidad, la sencillez y la transparencia. Cuando yo leo eso y después continúo, me doy cuenta de que son unos principios éticos que él está proponiendo para la literatura y en especial para el diario, y que valen para toda creación. La sinceridad es el elemento, la virtud ética por excelencia de la historia. La simplicidad, la sencillez y la transparencia están ligadas al lenguaje, lo medios expresivos, la transparencia con las ideas. Esa oferta que está haciendo yo siento que él la cumple a cabalidad a lo largo de todo el diario: es sincero. El lenguaje, a pesar de ser un lenguaje con todas las propiedades de las de un poeta, es un lenguaje transparente, sencillo, simple y las ideas están envidiablemente expresadas, incluso las ideas más complejas.

Inmediatamente después de Madrid, yo voy con él a Sitge. Él describe el mar de Sitges y como yo viví seis meses en Sitges sentí que podía cerrar los ojos con el libro sobre el pecho y ver el mar como él me lo describe, con su colorido, su movimiento, la ciudad romántica, el horizonte brumoso. Hasta aquí el diario en sí es un diario de viajes, de unos traslados en los que predomina de algún modo el mundo exterior –a parte de ese momento en el que habla de las películas y de sus experiencias con ellas–, y poco después va a Lisboa y sentimos cómo poco a poco se va desplazando de lo que ve afuera hacia su experiencia, hacia sus sentimientos… y me faltó el detalle de la Luna… sí, él ve la Luna… todos cuando vemos la Luna sentimos que nos trae recuerdos, recuerdos desde el punto de vista afectivo, y ahí sentimos que el aspecto confidencial, confesional se marcas más.

Volvemos otra vez a Sitges. Al principio, lo que nosotros teníamos era un escritor que está viajando. Nos damos cuenta de que es un escritor que no es cualquier escritor, que tiene algo de poeta, que es alguien que aprecia la prosa y que cree que experiencia lírica y prosa no son diferentes, que son desdoblamientos de un mismo discurso expresivo, que van interiorizándose y cuando llega a Lisboa él empieza a hacerse preguntas sobre el género del diario. Y un punto fundamental –y uso punto como el punctum usado por Barthes para la fotografía– es que allí Rafael nos habla del “prospecto”.  El prospecto es el trabajo infinito el escritor, que va a escribir poesía, que va a escribir ensayos, que quiere o que tal vez ya ha escrito cuentos o una hipotética novela. Entonces uno se pregunta: ¿no será el diario una forma de postergar, de ir dejando de lado esa empresa infinita cuyo término sólo la muerte define,  y que busca una cierta perfección a través de las formas literarias, ya establecidas, acuñadas, sistematizadas como géneros autónomos en la literatura, para yo desviarme hacia el diario?

El género del diario tiene unas características peculiares: una cierta rapidez, una cierta fragmentaridad, un acceso de sinceridad, unas epifanías que pueden encontrarse o perderse, unos momentos incluso de tedio –aquí me recordaba un poco a Baudelaire cuyas poesías surgen de esos momentos privilegiados de la vida–, en este caso, en los momentos privilegiados del viaje. Pero cuando está en Lisboa, estamos frente a la estatua de Pessoa, empieza a preguntarse si valdrá la pena escribir un diario y alejarse de “su” prospecto, de la “obra” que como poeta, como ensayista debería seguir escribiendo y de pronto nos habla de Bernardo Soares, del Libro del desasosiego de Pessoa.

En este momento le quiero dar la palabra a Rafael para que él les hable a ustedes de la palabra “imitación”… Pero antes de eso… No, le doy la palabra de una vez…

Rafael:
¿Que hable de la imitación?

Victoria:
Cuando tú hablas del Libro del desasosiego, hablas de Aristóteles y de que la imitación es una forma del conocimiento, del placer en el aprendizaje… En alguna parte tú dices que en 2008 estabas leyendo tus diarios antiguos y que te diste cuenta de que valía la pena seguir escribiendo… y cómo de alguna manera El libro del desasosiego representó para ti una suerte de tabla de salvación, una justificación.

Rafael:
Bueno… veré cómo le busco la vuelta a eso… Agradezco muchísimo, no sabía que Victoria había hecho esa lectura tan atenta de mi libro y la verdad es que estoy muy agradecido y emocionado de que esta lectura venga de una persona a la que quiero y admiro tanto como escritora… creo que su libro Historias de la marcha a pie es una de las obras fundamentales de la literatura latinoamericana contemporánea y es un honor para nosotros los venezolanos que ese libro exista… aquellos que no lo hayan leído no saben el vacío que hay en sus vidas por esa carencia, así que búsquenlo en cuanto puedan.

En cualquier caso, Victoria también ha escrito diarios. En algunas de sus novelas ha introducido la forma diario como parte de la dinámica del relato, por lo tanto es una conocedora del diario, es una lectora de diarios que es lo más interesante, porque yo creo que uno no escribiría diarios sino, como ella dice, fuera un curioso impertinente; porque a uno le fascina la vida de los otros, y a uno le encanta, a mí me encanta leer diarios, autobiografías, biografías y correspondencias, y me interesa muchísimo la intimidad de los otros, ¿no? Y esa curiosidad nos ha hecho a ella y a mí grandes lectores de diarios y cada vez que nos encontramos conversamos de libros, hablamos de los diarios que nos fascinan. Por ejemplo, tenemos una coincidencia buenísima –que es como esas afinidades electivas que definen las amistades– que es la lectura del diario de John Cheever y la fascinación que para nosotros, tanto para ella como para mí, ha significado leer ese libro.

En otros diarios que no están recogidos acá… quizá debería hablar de eso, no sé si ustedes están aquí para que yo cuente cosas sobre el libro, ¿verdad?, no para que responda las preguntas de mi profesora… Pero ya me referiré al Libro del desasosiego de Fernando Pessoa, que es importantísimo para el diario de viajes, pero quería decirles que yo tengo como un proyecto de dos tipos de diarios: los diarios que se llaman “Travesías” de los cuales este es el primer volumen, que son diarios de viaje –el nombre ya lo dice–, cada volumen llevará un título dependiendo del periodo de tiempo que se recoge de viaje en ese tiempo. Este primer periodo es grandísimo… probablemente no habrá otro texto… fíjense que este cubre un periodo que va de 1990 a 2010 y tendrán que pasar otros treinta años hasta que yo publique el segundo volumen… o sea que será este mi último libro de viajes…

En todo caso, está esta serie que se llama Travesías y está otra serie, de la cual están por salir dos volúmenes, que se llama “Tratados”, que son los diarios más literarios, si así se puede decir, los diarios de a diario, no los diarios de viaje sino los diarios citadinos, caraqueños, el diario de escritor más corriente… Entonces, en esos tratados yo abordo, continúo abordando el problema del diario como género y lo que significa para uno escribir diarios y leer diarios. Creo que las dos grandes preguntas que todos se hacen, se las hace Claudia, por ejemplo, o como me las hacía Diego Arroyo hace un tiempo, me decía para qué escribir diarios, es la primera pregunta, o por qué escribir diarios; y la otra gran pregunta, por qué publicarlos. Son dos grandes preguntas.

El diario es una forma, como lo ha recordado Victoria, en lo que Foucault llama “literaturas del yo”…

Victoria:
Exomologesis…

Rafael:
Claro, aquí viene esa palabrota…

Victoria:
No la quería decir…


RAFA Y VICTORIA 3

Rafael:
Ya vamos para allá, ya vamos para la exomologesis… Pero bueno, el diario es una forma de “tecnología del yo”, para decirlo también con Foucault, es decir, si uno quisiera definir qué es un diario, y yo lo he estado pensando mucho para esta tarde, y una cosa que debo agradecer a quien se le haya ocurrido hacer esto aquí, y yo dije que sí… lo único bueno de todo esto es que me puso a pensar en estas cosas y por qué y de alguna manera legitimar el que me hayan invitado a hacer esto y que ustedes no pierdan el tiempo, ¿verdad?, que no pierdan su viaje… Yo sabía que al invitar a Victoria no perdería su viaje… Y por eso estoy seguro de que se llenó esto, ¡se lleno por ella!, por la presentadora, no por mí que soy un perfecto desconocido. Pero gracias a ella ya comenzaré a ser conocido…

En todo caso, yo había pensado en una forma de explicar qué es un diario y, bueno, me salió una cosa un poco grandilocuente, pero lo voy a decir igualmente: un diario es la prueba viva y progresiva de una conciencia que se organiza en el tiempo, que se organiza en su tiempo. Por eso para mí el diario es un género histórico y es un ejercicio espiritual, es una de las formas de construcción del yo que existen en la literatura occidental, ¿no?, y el diario tiene esa potencia que es dar forma a una conciencia. Y es nada más que la persecución de un sujeto de su mismidad a través de la escritura. Simplemente. Y eso ocurre en la intimidad por una necesidad interior, bueno, no todos tienen esa necesidad, yo creo que sí, para los estoicos sí… todo hombre necesita en algún momento retirarse para verse a sí mismo, para auscultarse, para concebirse, incluso para juzgarse, para inventarse. Es el retiro que encontramos en las meditaciones de Marco Aurelio. En ese sentido, el diario no solamente es un género histórico sino híbrido y proteico, porque en el diario uno encuentra en punto de vista de Montainge, de los ensayos… el autorretrato, me escribo a mi mismo… Bueno, los diarios también son ensayos, están recorridos por la potencia del ensayo, de esa puesta en escena del yo pensando y pensándose, pero también tiene que ver con la confesión, con san Agustín, con Rousseau, tiene que ver con la autobiografía, con el autorretrato, con todo eso que se llama literatura del yo, ciertamente… que también tiene todo eso que recordó Victoria de narcisismo, de egolatría, de exhibicionismo, de apelación al otro, de necesidad de reconocimiento, de seducción, etc… porque todo lo que uno hace es porque necesita que otro lo quiera, que otro lo escuche, que otro lo reconozca, que otro lo identifique… ciertamente…

Bueno, el diario es eso. Ahora, ya creo que con eso está justificado por qué escribir diarios. Cualquiera de ustedes debería escribir un diario, deberían empezar desde hoy a escribir un diario porque sus conciencias adquirirían una organización mayor si se ponen como disciplina –y es una forma de disciplina espiritual– el retirarse de vez en cuando, con uno mismo, para enfrentarse con lo que uno es. Y se es mejor persona cuando se es capaz de hacer eso, ¿verdad? En todo caso, es un dispositivo de constitución ética del sujeto, porque involucra la presencia de los otros… y ahí viene la segunda parte, ¿por qué publicarlos? El diario no es autosatisfacción narcisista de un yo que se pinta a sí mismo para sí mismo, como si estuviera viéndose en un espejo, acicalándose y admirándose o recriminándose por haberse puesto tan feo y de haberse dejado poner tan gordo, por ejemplo. No es eso el diario. El diario es también la escritura de un nombre, la escritura de un ser humano que necesita también interpelar a los otros, que trata de encontrar un espacio de diálogo con el prójimo, y una de las maneras de hacerlo es publicándolo… ¿Por qué publicar el diario?, ¿me arriesgo, publicándolo? Porque además es un riesgo político dependiendo de dónde digas ciertas cosas, y bueno, por ejemplo en mis diarios “Tratados”, hay cosas muy comprometedoras contra el estado de cosas  que vivimos, políticamente hablando… o si me pongo en riesgo con lo que declaro de mi intimidad, ¿verdad?

En estos días, revisando mis diarios –porque a medida que escribo mis diarios los transcribo también, y corrijo las pruebas de páginas que van a salir, etc… sólo vivo para esto en estos días–, releí un fragmento de Chataubriand de las memorias en el libro 13, capítulo 11, Chataubriand que está haciendo esto, se pregunta al final y sólo les leo este fragmento: “¿qué bien puede remplazar la paz que habéis perdido al presentar al público vuestra intimidad?”… Ahí está un misterio ¿verdad? ¿Por qué hacemos eso? ¿Por qué hacemos eso de publicar nuestra intimidad, exhibirnos en público? ¿Cuál es esa pulsión?

Bueno, perdemos la paz. Arriesgamos mucho al hacerlo. Pero nos parece, también pensando en los estoicos, que esta declaración como lo diría Foucault, de este reconocimiento del caso frente al otro es una de las instancias fundamentales de la comunidad de los hombres; que esta interpelación del sujeto desde su propia mismidad, de su experiencia personal a los otros, involucrando a los otros en su propia experiencia… Entonces, repito que el diario tiene, corre riesgos políticos fuertes por esa interpelación, y por el compromiso del que ahí se expone en esa demanda de respuesta… y, en ese sentido, el diario para mí ha sido esa “forma de darle forma” a mi conciencia, orden a mi alma, o como ustedes quieran llamarlo. Hay otras formas de  darle orden y no escribiendo diarios, ¿verdad, Victoria?

Victoria:
Quiero decir algo… este diario creo que responde un poco a lo que estaba diciendo  Rafael. Este diario es además una reflexión sobre el género del diario. Está el prospectum, está el temor que está en muchos diaristas manifestado de una manera directa o más oblicua sobre el dejar de hacer lo que se debía hacer, de una forma perezosa, de ir transando para hacer un trabajo más rápido, supuestamente más fácil… estoy sólo arriesgando mi sinceridad, pero no estoy consiguiendo esas “formas canónicas” que son las que hacen la obra y hacen reconocido a un autor… seré leído por mi diario o serán leídas mis cosas y mi diario no, o sólo mi diario y lo demás pasará a un segundo plano… Todo eso está ahí. Incluso, después del prospecto él habla de la “interpolación”. La interpolación sería no sólo estar postergando tu proyecto sino dentro del diario estás dándole rodeo a las cosas, no estás entrando directamente en las cosas… y también, en algunos momentos, él habla de la espiral incesante que quizá es la forma del ensayo pero que también está presente en la forma de los diarios, que uno va estirando, va estirando, va dándole vueltas y puede también convertirse en una devoción infinita…  Pero como yo estaba tan metida en los diarios de él, estaba leyendo cosas relacionadas y me encontré algo que me impresionó mucho y que es el prólogo que escribe Ernst Jünger a uno de sus diarios –que son unos diarios monumentales– que se llama Radiaciones.

En Radiaciones él empieza diciendo que en año 1633 la sociedad holandesa de Groenlandia envía, con su consentimiento, a siete marineros a las Islas Mauricio en el océano glacial Ártico. Como la compañía quiebra, no los pueden buscar sino un año después, en 1634, y se consiguen con todos los marinos muertos pero con siete diarios…  Entonces él dice [Jünger] “el género del diario, tal como lo conocemos nosotros,  es…porque ellos desplazan su mirada de la catástrofe que están viviendo, desplazan la mirada de la geografía de ese océano glacial Ártico, de la isla, del frío y se vuelcan hacia sí mismos, hacia la soledad, hacia sus sentimientos. No la catástrofe, la experiencia de la catástrofe. Y termina con una palabra: la experiencia mejoró. Diarios de viaje ha habido siempre, bitácoras de viaje las hay, pero no tienen esas características. Lo particular de la circunstancia es lo que hace que los marinos escriban eso. Entonces, después salta y dice “ya el género del diario es un género autónomo”. Y va aún más allá, y quiero leerles lo que él escribe, porque tiene algo que ver con el riesgo que se corre con el punto de vista político, desde el punto de vista que se pone contra las convicciones, contra el Estado, contra la sociedad.

Dice [Jünger]: “Posteriormente, se publicarán diarios póstumos y diarios en vida del autor y los diarios constituirán un género tanto como para que el carácter de diario se convierta en el carácter de la literatura, no sólo del diario”… ahora se hace literatura con las características del diario… entonces él dice: “en la literatura el diario es el mejor medio para acrecentar la percepción, la multiplicidad de los tonos, la multiplicidad y fragmentación de la experiencia de nuestro tiempo; las profundidades a las que hemos descendido, al punto de constituir una amenaza para las formas”… Cuando dice que es una amenaza para las formas, lo dice para la novela, el ensayo, el cuento, para todo lo que ya conocemos que está acotado y aceptado social, cultural, estética e históricamente. Y enseguida dice, una cosa que me llamó mucho la atención: “incluso en la filosofía, el término ‘diario’ ha hecho que el opus, la obra, se aproxime al cuaderno de bitácora, el cuaderno de viaje”… Y el ejemplo que él da, es la obra de Nietzsche, su fragmentarismo, la forma aforística de sus escritos, la provisionalidad, la obra escrita en espiral… [según la definición de Pessoa] entonces dice: “el diario es el mejor medio para escribir en nuestros tiempos, y además es el único diálogo posible que subsiste en el Estado total”. ¿Vuelvo a leer esta frase? “… y además, es el único diálogo posible que subsiste en el Estado total”. ¿Qué piensas?

Rafael:
Vivimos el Estado total… he ahí el diario…

Victoria:
Está escrito por él, este prólogo, en los años sesenta. Él ha vivido dos guerras… vivió cien años…

Rafael:
…¿Qué tengo que decir ahora?… pero ¿por qué no leemos pedazos del diario y ya, verdad?, ya esto está muy largo, ¿o ustedes quieren una clase sobre el diario?… Origen del diario, evolución del diario…

RAFA Y VICTORIA 4

Victoria:
Alguien quiere hacer una pregunta…

Rafael:
¿Ya, preguntas desde ya?… A ver, dale…

[Hay una pregunta que no pudo grabarse]

Que qué pasó con eso, ¿verdad?, ¿qué cuento ese?… bueno déjame ver porque yo tengo muy mala memoria y por eso escribo el diario… Una de las razones por las que yo escribo el diario es porque tengo muy mala memoria y tengo que registrar lo que pienso, lo que siento, lo que me asalta de repente, en un momento, porque si lo dejo pasar se me olvida… El diario también es como un cajón de sastre en el que uno va echando cosas y le pasan… y que las echa en el diario a veces para desarrollarlas después, no las desarrolla en el momento porque no tienes tiempo. El diario tiene ese carácter de instantaneidad y de intempestividad rapsódica, ¿verdad?, que le da también ese carácter fragmentario al discurso. Y por eso también el diario se lee, se puede leer de muchas maneras, discontinuamente, no hay porqué leerse los diarios día a día, uno puede leerse los diarios salteados, cosa que no puede hacer con una novela, con Historias de la marcha a pie no pueden, por ejemplo…

Victoria:
Tampoco con este diario se puede…

Rafael:
¿Tampoco con este diario?

Victoria:
No… bueno, puedes leer y disfrutar un párrafo, porque hay una escritura, una prosa, una experiencia lírica, pero es un diario de ideas, también, que va desarrollándose…

Rafael:
… Bueno… Volvemos con Pessoa… Nada, y les voy a contar cosas como estas… yo he hecho expediciones al sur, en el Amazonas, en canoa, etc., y me llevo, por ejemplo, para leer en la canoa, Fuera de África de Isak Dinesen, y voy de salto en salto leyendo en medio del río Cuao o cualquiera de ellos… De eso son testigos mis amigas las Jaffe, de nuestros viajes a la selva. Y cuando me fui a Lisboa, obviamente, ¿qué libro me iba a llevar?, El libro del desasosiego de Fernando Pessoa. Y nada, ese fue el libro que me acompañó en mi viaje por Lisboa y por eso está como tan imbricados mi experiencia de Lisboa con la experiencia de Bernardo Soares en ese diario. Entonces la primera parte del mi diario está muy vinculada a esa evocación… Bueno, aquí nuestra querida lectora [Victoria quiere leer un fragmento del diario]… así respondemos la pregunta de Flavia de que hable por fin de Pessoa en mis diarios, porque ella en el fondo quiere oír un poquito a Pessoa…

[Rafael lee la entrada… del diario]

Hoy, tras leer con tesón El libro del desasosiego pessoano en la terraza misma del café A brasileira, allí donde ahora se levanta una pintoresca estatua del poeta apoyándose en una mesa de café, mesa que a menudo comparte con sonrientes turistas, he pensado si la mejor obra de este hombre admirable no estaría acaso depositada en estas anotaciones atribuir a ese alter ego suyo que es Bernardo Soares. En estos apuntes sobre las horas, sobre los trabajos y los días que registran, que fijan las vicisitudes del hombre cuya única actividad gratificante era, precisamente,  la de escribir. He pensado esto y me ha venido la imagen, o la sensación de que el hombre que ha llevado a cabo la escritura de ese libro desasosegado ha encontrado mucho sosiego escribiéndolo; que al haberse planteado la tarea de escribir a diario, por lo que no escribir –como él mismo lo recalca– significa inmediatamente un atentado contra la propia vida, puesto que la vida se ha entregado al noviciado de la escritura, y escribir y vivir son en él la misma cosa, tanto que le parece que si no escribe, si nada tiene que escribir es porque no ha vivido, a tal grado de perversión ha llegado, se había salvado a sí mismo como escrito, había escapado de la deliciosa trampa del prospectum a la que yo me aficionaba con tanta naturalidad o pereza. Y me dije, entonces, que debía probar yo mismo ese método, que debía dejar los relatos y los poemas y la novela virtual que mi mente conjetura para un hipotético mañana de escribirlos y hacerlos realidad, que mientras eso sucedía y sin poder asegurar nada de nada nunca, debía entregarme a alguna práctica aquí y ahora de la escritura, alguna forma palpable de realización patente de actividad…

Sólo eso… pero aquí hay una cosa que a mí me gusta mucho que yo cito de Pessoa de la espiral, pero no recuerdo dónde está…

Victoria:
A mí me parece que hay como unos leit motiv que están en toda la obra, que son el prospectum…, un rodeo y esa espiral que tiene que ver con el proceso ensayístico, con el proceso de las poesías…

Pregunta de Claudia [Sierich]:
Tú estás escribiendo un diario a sabiendas de que lo vas a publicar, ¿hasta qué punto o en qué forma eso interfiere en el proceso de anotación, de cómo lo vas a mostrar, de qué vas a mostrar?

Rafael:
Sí interfiere, obviamente, cuando tú decides en un momento dado, escribes tus diarios para publicarlos… El diario de Lisboa no estaba escrito así, por ejemplo, yo no había decidido en ese momento que iba a destinar mi vida a escribir diarios… que fue lo que hice en 2008, en agosto de 2008…

Victoria:
Pero ya tenías diarios escritos, y esos no pasaron por ninguna censura porque eran los diarios antiguos,  porque él no pensaba… Entonces creo que hay una cosa importante: un manuscrito aunque sea un archivo en la computadora, cuando pasa a libro, el manuscrito es más fuerte, ¿sí?, más fuerte en el sentido de que tiene más peso… cuando tú lo vas a publicar tu seguramente limpias…

Rafael:
Pero limpias no por pudor, limpias no por temor, sino limpias por razones estéticas…

Victoria:
…pero no te censuras…

Rafael:
Claro, porque el diario es literatura, el diario no es confesión “pura y simple”, es darle orden a una intimidad, y ese orden se lo doy yo con las palabras, con el amor a las palabras… porque yo juego mucho con las palabras porque me gustan las palabras. Entonces, cuando estoy pensando que mi diario va a ser escuchado como cuando escribimos un poema, bueno yo estoy componiendo también sobre la marcha, y ya tengo una mano de escritor, digámoslo así, que me lleva a darle orden a las ideas, por lo tanto yo no pulo demasiado, ciertamente, puede recomponer al transcribir que es un momento fundamental de la escritura de todo texto, ¿verdad?, que no es solamente la primera redacción ni las correcciones sobre la página que uno hace… En mis libretas, yo escribo a mano todos los diarios y bueno a veces hay páginas continuas, de caligrafía completamente continua, sale todo un chorro expresivo sin límite, y a veces uno se devuelve escribiendo porque tiene conciencia del lenguaje y dices ‘esto no debería decirse así’ y vuelves atrás y entonces se crean esos baches, esas tachaduras en la escritura [muestra hojas manuscritas de su libreta de apuntes], por ejemplo, o vacío o interpolaciones que le pones después porque cuando tú relees dices ‘ah, no, pero aquí me repetí, aquí tengo un solecismo’, ¿verdad?, aquí tengo una equivocación… y lo corriges, con toda libertad…

Victoria:
… eso es lo que hace el escritor… Nadie escribe a vuelapluma, como decían antes…

Rafael:
Y no publicas lo que escribes a vuelapluma, obviamente… eso pasa por el tamiz…

Victoria:
Cuando aparecieron las máquinas de escribir “de bolita”, ¿te acuerdas, que eran rapidísimas? Yo tenía un amigo que estaba feliz porque creía que iba a escribir una novela porque la bolita le iba a resolver el trabajo… Las palabras hay que pensarlas y pensarlas, rescribirlas, versionarlas…

Rafael:
Claro, el diario de un escritor no tiene la misma naturaleza que el diario, por decirlo así sin desmedro del diario de una quinceañera que dice que “querido diario, hoy me sentí mal, en la escuela Pedrito no me vio”… es otra cosa… Lo está diciendo verdaderamente para ella y para su diario porque, en la soledad, un hombre necesita un interlocutor y el diario soporta esa cosa que no soporta un amigo, por ejemplo. Muchas de las cosas que tu diario recoge tú no se la puedes decir ni a tu hermano, ni a tu mamá, ni a tus amigos, ni a tu novia o a tu novio… porque no sabes cómo decírselo y no se pueden decir esas cosas… Se dicen en la intimidad… Es alguien que se retira del mundo por instantes para verse consigo mismo y resolver consigo mismo una cosa que no puede resolver sino él solo… Y hay gente que no puede resolver eso si no es escribiendo: heme aquí. Yo tengo que escribir para resolver… Déjame escribirlo pa’ ver cómo es… Bueno, ese es mi mal… Tengo que escribir para poder resolver… Bueno, el diario es la forma en que yo resuelvo mis conflictos interiores, en el que yo trato de comprender por qué hago lo que hago, o por qué no hago lo que no hago, o por qué dejo de vivir lo que quisiera vivir y no vivo, y cualquier cosa de esas que nos enrollan… y es el modo de desenrollar el rollo que es toda conciencia… pero la desenrollas no con un amigo, porque con un amigo desenrollas ciertos hilos de la madeja y otros sólo son tú contigo en ese embrollo… y bueno, ahí salen en el texto.

Antes de responder preguntas, les leo el texto sobre la Luna, porque ahí se muestra lo que es el diario…

Victoria:
… Sí… En principio vamos tímidamente, está el diario en estado naciente y aparece la Luna…

Rafael:
Cuando aparece la Luna todo se va al carrizo… todos lo sabemos… Pero aquí hay mucho dolor en esta evocación de la Luna…

Victoria:
Antes de que empieces, este diario se complementa muy bien con la entrevista de primera que le hizo Gabriel Payares en Prodavinci, que está ahí; y con el prólogo a la obra completa ensayística de Armando Rojas Guardia. Hay como un vínculo entre dos estilos de poetas que ensayan.

Rafael:  
Caramba, estás contratada para ser mi publicista…
Esta es una anotación de Madrid, del 22 de diciembre de 1990… Piensen también en la distancia que hay, ya no escribo así, ¡ojo!, he mejorado… no, mentira… Hace mucho tiempo que escribí esto… Pero es verdad que no me distancio tanto de esta forma de escribir…

[Lee del diario]

Por el tragaluz veo la Luna, la melancólica luna de Leopardi, la luna de todos los desesperados, de todos los enamorados que se quejan, de todos los perdidos, y siento la repelencia helada de ese símbolo de la más vaga y banal de las ensoñaciones. Cuántas veces te acompañé en la admiración de ese espectáculo nocturno sin que me importara demasiado su imponencia a no ser porque a ti te importaba. Y, al fin y al cabo, a ti te importaba menos de lo que yo creía o te importaba o todavía menos que yo me interesara en ello, o todavía menos, y era casi una molestia, una perturbación que compartiera contigo aquel interés y lo expresara, creyendo hacer alarde de una coincidencia entre los dos. Pero cómo me equivocaba. Y  qué sensación más pura la exclusión incluso de aquello en que parecía poder participar contigo en lo tuyo. Y sin embargo, de todo eso aprendía en lo profundo. Algo en mí recibía la lección y acumulaba un cierto sabor amargo, ese sabor que da la pérdida de cierta inocencia, el sabor de este saber que no nos estamos buscando y que no nos esperamos. Esas lecciones no queridas que son las que más nos enseñan. Veo ahora la Luna a través del tragaluz y siento que ya no será para mí un motivo de admiración en público, de éxtasis compartido con nadie. Solo en la soledad de una contemplación despojada de todo testigo, de toda compañía, podré entregarme a la admiración de ese espectáculo nocturno cuya belleza incontestable sólo puede ser celebrada íntimamente, preservada de toda contaminación por cualquier causa ajena a la pura contemplación.      

Y como para desquitarme de esto, anoto a continuación –como se ve, el carácter que me identifica es el despechado, por algo escribí Fenomenología del bolero–:

Una vez la Luna apareciendo entre los pinos de la Loma de la Virgen, nos iluminó a Alvin y a mí como a dos elegidos en medio de la alta noche. Esa luna, ese espectáculo puro, sin comentario alguno por nuestra parte, no fue jamás contaminado y acaso por eso permanece intacto en la memoria, salvaguardando en el puesto que la Luna tiene en la fascinación humana, incluso fuera de toda cultura…

Bueno, esa es una forma, en una de las notas del diario, de elaborar el dolor y de una suerte de revancha frente al otro… Bueno, así es el diario, pues.

¿Preguntas?

RAFA Y VICTORIA 2

Alejandro:
Hay un momento en tu diario que me llama la atención …

Rafael:
… habla Alejandro Sebastiani, gran diarista, autor de un excelente diario que se llama Derivas… adelante…

Alejandro:
Bueno, gracias… en todo caso, hay momentos en tu diario particularmente interesantes, pero hay una cosa que veo y que es la siguiente:

Hay momentos en los que viajas solo, y momentos en los que viajas acompañado. Yo siento, en esos momentos en que tú viajas acompañado, que tu compañero de viaje, en cierto momento, se convierte en un estorbo porque no te deja escribir el diario, como si el verdadero compañero de viaje del escritor fuera su diario y no el acompañante real… entonces, háblame un poco de cómo en esos viajes como está esa tensión, porque cuando tú viajas solo puedes abundar en ciertos detalles y en las otras situaciones hay como una más fragmentaria… y hay esa queja también…

Rafael:
Claro, porque el diario exige retiro, el diario exige distancia, silencio, apartamiento. No se puede escribir el diario en medio de una rumba, con un poco de gente bebiendo alrededor de uno, no serías capaz, no podrías ins-tros-pec-cio-nar-te, por así decirlo, no puedes abstraerte, que es lo que hacemos con el diario… separarnos del mundanal ruido sin dejar de estar pendientes del mundo. Una de las experiencias que recojo allí muy importante, y tú la recordarás, es la experiencia de escribir en un café, pero en un café solo, en Bruselas, solo, pero oyendo el ruido en torno pero concentrado en mi cuaderno, sin nadie que te perturbe, sin nadie que te diga “mira, tenemos un almuerzo ahora a tal hora”… porque una de las maravillas del viaje para el diario es el anonimato. El anonimato y la soledad, ¿no? Es decir, nadie te conoce y tú mides la ciudad que visitas como uno vive su ciudad, de incógnito… No tienes nadie que te vigile, no tienes responsabilidades. Pero cuando viajas acompañado sí, porque la otra persona quiere ver una cosa que tu no quieres, quieres retirarte contigo mismo y no puedes o estás retirado y te interrumpen… entonces el diario da muestras de esas intermitencias, ¿no?, de ese carácter intempestivo. Por eso el diario de Lisboa es tan narrativo, porque estaba solo completamente. Además el diario es un género de la soledad. Una gente que está acompañada todo el tiempo no puede escribir un diario, ¿cuándo ins-tros-pec-cio-na su yo, cuando mira pa’ dentro? Tiene que irar para fuera todo el tiempo… yo que soy profesor de literatura, cada vez puedo leer menos, porque tengo que leer para dar clases y es lo más terrible que pueda haberle ocurrido a un lector, que es estudiar Letras porque le gusta la literatura y vivir de dar clases de literatura y sólo poder leer aquello que tiene quedar en el curso porque no puedes leerte la novela última de Victoria de Stefano porque no tiene s tiempo, ¿no?…

Victoria:
… y porque no está en el programa…

Rafael:
… y porque no está en el programa… Entonces, el diario también es eso… mi diario, cuando estoy dando clases, no marcha con la velocidad, con la riqueza en cantidad, quiero decir, no en contenido, que cuando estoy de vacaciones… Entonces, mi diario, por ejemplo, en agosto, septiembre y octubre se convierten en una cosa sin freno, de lecturas locas y de conexiones maravillosas… Estoy dando clases de Dalton, Roque Dalton, entonces mi diario es solamente Roque Dalton y la poesía militante, y la guerrilla, y Latinoamérica y el Che… esas son las cosas que aparecen en mis diarios, en mis otros diarios que no son de viaje… Pero cuando no estoy dando clases, estoy leyendo lo que me da la gana, entonces mezclo Ida Gramcko con qué se yo.. Santa Teresa, y de repente Blanchot con Igor Barreto, por ejemplo… Igor Barrteto se acaba de salir [Igor estaba entre el público asistente, luego volvió], pero hay momento en mi diario de los que estoy muy orgulloso cuando escribo sobre sus libros. Qué lástima que no esté aquí… pero ya leerá esos diarios cuando aparezcan… Bueno, en todo caso, eso explica un poco lo que Alejandro comentó… El diario está afectado por el ritmo de los días, obviamente,  de la vida…

Victoria:
…Los trabajos y los días, cuerpo y el espíritu…

Rafael:
Claro, estamos construyendo alma en el día, en el tiempo… a contratiempo, con contratiempos, con muchos contratiempos, y más en este país…

Samuel:
… Buenas noches… encantado de estar con ustedes aquí…

Rafael:
Habla Samuel González, no escribe diarios, pero es un gran poeta, gran lector…

Victoria:
… y fotógrafo…

Samuel:
Gracias, gracias… yo estoy agradecido de estar con ustedes y de además saludar y agradecer junto con ustedes la presencia aquí de una de las escritoras que tiene el oído, la mirada también para lo íntimo como lo es Elisa Lerner… Encantado de que estés aquí…

Rafael:
Un aplauso para  Elisa

[aplausos]

Samuel:
La inquietud venía por el lado de… ¿existe la tentación de caer, en algún momento, de ficcionalizar algo dentro de la escritura del diario?, y la pregunta la hago por lo siguiente: hay un diarista venezolano que se llama José Manuel Briceño Guerrero, que tiene unos diarios que no sé si conocen, muy buenos… uno lo editó la Fundación Polar llamado Diario de Saorge 1996, creo que todavía se consigue, como a 16  bolívares, algo así… En ese diario, él está en ese momento de viaje, en un castillo creo al sur de Francia, en donde se retiran escritores y pintores… Pero a mí me pareció, mientras lo leía, porque él empieza a nombrar a una pareja en la montaña, en un sitio montañoso, creo, boscoso pero no tupido… y el empieza a relatar la historia de una pareja, de un hombre y una mujer que aparecen y desaparecen, y se violentan entre sí, y eso va apareciendo desde el comienzo hasta el fin. A mí me dio la sensación de que eso era ficticio, pero por la honestidad, por el tono de sinceridad y de confesión –del que ustedes han hablado también–, me dio la sensación de que lo estaba convirtiendo en algo real. A lo mejor era real… por eso les hago la pregunta.

Victoria:
… es lícito… Existe ese tipo de diario que introduce elementos de la realidad que has ficcionalizado de alguna manera, porque no él no conoce la pareja, especula… es tan lícito que hay diversos tipos de diarios… yo creo que entre las virtudes del diario de Rafael Castillo Zapata, es que tiene aspectos de muchos diarios, tiene momentos de fuerza infidente (tiene algo de la tentación del fracaso de Ribeyro, que aun Ribeyro en él hace muchas reflexiones sobre el diario como género, y ese diario se llama así “Tentación del fracaso”, porque el tampoco va a escribir su obra, sino que se va a dedicar al diario, y su obra, su prospectum de lado… ese es el temor)… tiene algunas cosas, recuerdan los diarios de Gombrowicsz, ¿sí?, algunas cosas que podrían ser cercanas a John Cheever, y tu podrías decir que algunos otros…

[Hasta aquí la grabación. Luego vino la despedida, el brindis y el cierre de Rafael firmando dedicatorias a algunos lectores]